
uatro, quién te dijo que antes es mejor que un ayer sin mañana. La elegía, la verdadera elegía está en ti. Cuando soy lo que soy, en el trasfondo de lo que pudo haber sido, me niego a darme cuenta de ver lo que era. ¿Te imaginas un cigarro mojado?, es lo mismo que los aviones que pasan por afuera y un no quiero que me abandones. Nos emocionamos, esperamos una revancha que no va a llegar. En mí, nunca llega algo. Esto es como un no tan Santiago y sus lucecitas abandonadas en la niñez. Tiene pena –de callejón, de romance- y lo sabe. La sabe suya y vuelve a su vida, a sus noches, a mis recuerdos, al olvido que todo lo conoce, a los recursos literarios. Escribo lo que sé, y lo otro también. La historia de B, como todas las historias, es vulgar, prosaica, y aún así, vive. Vive por que la vida, en la vida, es puta, es puta y es caprichosa. Y es lo normal, algo, un asomo ordinario y luego el recuerdo. La cruda reminiscencia a tus ojos cerrados. Retomo: “(...) el día que murió Beatriz Vernett note con cierta desilusión que habían cambiado no sé que anuncio de paquete de cigarrillos en Constitución”1. Y es todo tan simple: mi curiosidad es limitada, esto es un artificio irreal, a menudo lo que creemos ver no es más que un conjunto de palabras y voces y ruidos que evocan lo que queremos que evoquen. Y todo se resume en la arista más mínima de la vida. B lo supo –pero no pudo-, se enomoro de la ilusión de estar enamorado. A veces solo nacemos el día equivocado, o vivimos esclavos de necesidades barrocas. Algunos, los poetas y los locos, y los que viven el dolor desde el dolor, lo aguantan todo. Nosotros, los que lo vivimos tangencialmente, no.Suscribirse a Comentarios de la entrada [Atom]